Palestinos celebrando tregua. Foto: Reuters
El primer viaje a Israel de Barack Obama como presidente de EEUU coincide con la formación del nuevo gobierno de Benjamin Netanyahu. El resultado de los comicios israelíes permitió a la Casa Blanca dibujar el primer ministro israelí como una figura más debilitada y con la necesidad de pactar con los partidos moderados. Pero la composición del Ejecutivo israelí ha acabado dando peso a políticos partidarios de los asentamientos, con carteras, como Defensa, en manos del sector duro del Likud.
No hay presidente de EEUU que no haya intentado poner fin al conflicto árabe-israelí, y Obama no es una excepción. La propuesta del presidente estadounidense de dos estados basados en las fronteras de 1967 fue recibida con escepticismo por el bando israelí, y los movimientos palestinos para acceder a la ONU como miembro de pleno derecho irritaron la Casa Blanca. Así, y con el contexto de tensión que se vive en la región, Washington es consciente de que el presidente estadounidense visita Israel con pocas o nulas expectativas.
"Obama puede ser el primer presidente de EEUU que visita Israel como turista", afirma en un artículo de opinión en The New York Times, el analista Thomas Friedman, considerado cercano a la Casa Blanca. Friedman lo justifica por el hecho de que el descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y petróleo en México, los EE.UU. y Canadá han hecho Washington menos dependiente de los recursos provenientes de Oriente Próximo. Asimismo, la incesante implantación de asentamientos judíos en Cisjordania y el constante lanzamiento de misiles por parte de los islamistas de Hamas erosionan todo intento de acuerdo entre las dos partes. Paralelamente, muchas miradas se desvían ahora en países como Siria, Libia o Irak, desestabilizados por la división entre suníes y chiíes.
Por todo ello, la administración Obama, aunque no desistir, ve la implicación en el conflicto más difícil y menos necesaria que en otros tiempos. Por lo menos, el presidente podría aprovechar el viaje para mejorar las relaciones con Netanyahu. La relación entre los dos mandatarios ha estado marcada por la tensión. Netanyahu llegó a dar apoyo explícito al rival de Obama en las presidenciales, el republicano Mitt Romney, amigos desde que se conocieron en Boston en 1976. Y un micrófono indiscreto en una cumbre del G-20 en Cannes permitió al mundo saber qué opinan Obama y el entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, del primer ministro israelí.
Con todo, el presidente de EEUU ha intentado jugar la carta de Irán en un intento de deshelar relaciones con Netanyahu. Con motivo del Nowruz (el Año Nuevo iraní), Obama ha enviado un mensaje a los líderes iraníes, a los que insta a demostrar que el programa nuclear tiene fines pacíficos y les recuerda que el aislamiento internacional perjudica a su pueblo. Un Obama decidido a frenar Irán tiene más posibilidades de acercar posiciones a un Netanyahu más debilitado.
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